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La pandemia, una oportunidad para fortalecer la lucha contra la corrupción en las organizaciones.

Por: Centro de Gobernanza Abierta. El 2020 ha sido un año caracterizado por cambios, ajustes y re-planteamientos en la forma como organizaciones, ciudadanos y actores se relacionan entre sí. Los aislamientos obligatorios, las cuarentenas y en general la pausa en casi todas las actividades, llevaron a que empresas, organizaciones y ciudadanos cambiaran y flexibilizaran muchos de sus procesos para adaptarse a las complejidades derivadas de una pandemia mundial. Esta flexibilización, afectó muchos de los controles y acciones que desde empresa, entidades públicas y organizaciones en general se venían adoptando para prevenir y luchar contra la corrupción.

 

La pandemia, y la intención de reactivar rápidamente la economía ha hecho que los gobiernos y empresas adopten programas y estrategias que, por agilidad y necesidad de respuesta, no siempre se someten a los controles y procesos habituales, incrementando los riesgos de corrupción y abriendo brechas de opacidad que facilitan el desvío y pérdida de recursos públicos y privados. En este sentido, el Banco Mundial en su informe “Mejorar la eficacia y la transparencia de los Gobiernos: La lucha contra la corrupción” (2020), resalta la importancia de hacer un uso prudente y transparente de los recursos escasos, al tiempo que fortalecer las medidas y los controles para prevenir la corrupción.

 

Desde el Centro de Gobernanza Abierta, conscientes de la importancia de vincular y hacer corresponsables a los diferentes actores en la lucha contra la corrupción, le apostamos a la adopción de un modelo de Gobernanza Abierta a través del cual las organizaciones fortalecen sus prácticas de gestión en Transparencia, Integridad, Cumplimiento y Sostenibilidad.

 

Articulando buenas prácticas, herramientas y estrategias integrales en transparencia, integridad, cumplimiento y sostenibilidad como ejes transversales de un modelo de gobernanza abierta, las organizaciones pueden fortalecer su reputación y su confianza frente sus grupos de interés al tiempo que generan acciones que blindan su gestión frente a los riesgos de la corrupción y contribuyen así a luchar eficazmente en contra de este flagelo.

 

Bajo el contexto actual, las organizaciones deben ser aún más conscientes de su rol y su corresponsabilidad frente a esta  lucha; de sus actuaciones y sus compromisos y de la forma como enfrenten los retos que en la materia nos enfrenta la pandemia, dependerá si las organizaciones salen fortalecidas de este escenario.