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Buenas Prácticas de Cumplimiento en entornos complejos

Por Alba Lema. Los entornos complejos como en el que nos encontramos actualmente derivado de la aparición de un elemento disruptivo, suelen ser más proclives a que se produzca una “relajación” en el cumplimiento por parte de las organizaciones. El impacto negativo del COVID en nuestras vidas a todos los niveles (económico, laboral, operativo o emocional), puede originar que -bien por necesidad o bien de manera voluntaria- seamos menos respetuosos con el cumplimiento de las normas.

 

Así las cosas, en estos contextos excepcionales se hace cada vez más necesaria la implantación de las buenas prácticas en el seno de las empresas, esto es, aquellas prácticas o experiencias exitosas que producen buenos resultados y que se recomienda utilizar como modelo con el fin de ser adoptadas por el mayor número posible de personas u organizaciones.

 

En materia de compliance, las buenas prácticas son una herramienta indispensable para gestionar los riesgos de cumplimiento a los que se enfrentan nuestra organización. Así pues, en aras a adoptar las mejores prácticas en materia de cumplimiento, resulta necesario identificar y evaluar -con carácter previo- esos riesgos a los que nos enfrentamos. A tal fin, habrá que tener en cuenta las propias características de la organización, así como el contexto en el que opera la misma, atendiendo tanto a factores externos, esto es, aquellos ajenos sobre los que la empresa no tiene ningún tipo de control, como internos, es decir, aquellos elementos sobre los que la organización puede ejercer algún tipo de control (estructura orgánica y organizativa, empleados o medidas de control internas, entre otras).

 

Este “risk based aproach” nos permite priorizar aquellos riesgos de incumplimiento con una mayor probabilidad de ocurrencia y, consecuentemente, nos ayuda a diseñar el plan de acción a seguir. Como parte de este parte acción se encuentran las buenas prácticas corporativas que, junto con otras medidas de control internas, permiten la implantación de una verdadera cultura de cumplimiento.

 

El compromiso firme y explícito con el cumplimiento por parte de la alta dirección y el órgano de administración (el famoso “tone from the top”), los códigos éticos o la formación y sensibilización de empleados son sólo algunas de las buenas prácticas que deben ser tenidas en cuenta a la hora de implementar un sistema de gestión de cumplimiento robusto y eficaz.

 

Y, entre estas buenas prácticas, hay una que se erige en especialmente valiosa en entornos complejos: los canales de denuncia, esto es, canales de comunicación que permiten a empleados, accionistas, proveedores y, en general, a cualquier grupo de interés, reportar aquellas conductas o comportamientos constitutivos de una infracción o un incumplimiento. 

 

¿Qué características deben tener estos canales? ¿quién debe gestionarlos? ¿es necesaria la externalización?