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El valor de la confianza en tiempos de pandemia

Por: Cecilia Güemes (UAM-GIGAPP). La Pandemia ha subvertido nuestra forma de ser y estar en el mundo y la ha transformado para siempre, a la vez que, ha radicalizado y agudizado tendencias previas, problemas persistentes y la urgencia de incorporar el futuro en el diseño de soluciones.

Hoy todas las energías de los gobiernos están puestas en encontrar una vacuna. Probablemente, los esfuerzos científicos por dar con la fórmula deberían acompañarse de un análisis sobre las capacidades del Estado para gestionar la provisión de la vacuna cuando llegue. Esto requiere pensar en las jeringas, ampollas y demás auxiliares necesarios como también en los sistemas sanitarios y su capacidad de administrar eficientemente la vacuna, así como, en la disposición ciudadana por recibirla.

Si los ciudadanos no confían en sus instituciones y sus representantes, ni en el conocimiento científico de su asesores de gobierno es probable se opongan a las recomendaciones sanitarias que se formulan (por más razonables que sean) encuentren mecanismos para eludir las normas (el miedo al castigo no alcanza para garantizar cumplimiento), e incluso se opongan a recibir al vacuna. Valores cívicos asociados a la confianza aumentan la probabilidad de que la ciudadanía se tome en serio las pautas de prevención y se reduzcan las tasas de contagio.

En contextos de incertidumbre la confianza es clave para la cooperación, coordinación y colaboración social. Cuando confiamos asumimos la interdependencia y necesidad del otro y apostamos que no seremos defraudados ni engañados ni perjudicados por ese otro. Nos ahorramos el coste de vigilar el incumplimiento ajeno y somos más propenso a compartir tiempo, información y esfuerzo en el logro de metas colectivas.

Para las empresas la presencia de confianza es un factor crítico en términos de competitividad y desarrollo empresarial en contextos de incertidumbre global En tanto facilita la trasmisión de conocimiento e información entre actores, la confianza reduce el oportunismo y fomenta la coordinación, a la vez que, promueve la toma de decisiones colectiva y el compromiso con proyectos que (por su nivel de riesgo) no se asumirían de manera individual incrementando la innovación y flexibilidad de las empresas.

Lo que toca ahora pensar es cómo desde las empresas se contribuye a crear y mantener ese activo social. Datos actuales recogidos por el Edelman reflejan que un 62% considera que la batalla contra la pandemia no se ganará sin la ayuda fundamental de las marcas y un 65% manifiesta que la respuesta que las empresas den a la crisis tendrá un efecto significativo en sus decisiones para adquirir productos o servicios en el futuro. En atención a ello, los encuestados esperan que: las empresas cambien de giro y hagan productos que ayuden a la gente a enfrentarse a los retos que existen (89%), colaboren con el gobierno y organizaciones de ayuda (90%), usen su poder de influencia para educar sobre medidas de protección respecto al virus (85%), ayuden a conectar a las personas y estar emocionalmente cercas unas de otras (83%), usen las redes sociales para fomentar un sentimiento de comunidad y brindar apoyo social (84%).

Salir de la pandemia supondrá desarrollar niveles extra de confianza y un ejercicio de responsabilidad y compromiso de gobiernos, empresas y ciudadanía. Reflexionar sobre cómo aportamos desde diferentes lugares en este esfuerzo colectivo no solo es urgente sino determinante en el diseño del futuro a corto, mediano y largo plazo.