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El mundo después de la pandemia

Por: Susana Sierra. Ni en los peores momentos la corrupción descansa. Y es que la pandemia trajo consigo mucho más que una crisis sanitaria y económica sin precedentes, trajo también cambios radicales a nuestras vidas y es posible que nunca regresemos al mundo que dejamos atrás.

Así lo detalla el informe “Getting Ahead of the Curve” de Transparencia Internacional, que advierte sobre las posibles tendencias que se instalarán con la pandemia y su impacto, siendo el aumento de la corrupción una de ellas.

Ni en los peores momentos la corrupción descansa. Y es que la pandemia trajo consigo mucho más que una crisis sanitaria y económica sin precedentes, trajo también cambios radicales a nuestras vidas y es posible que nunca regresemos al mundo que dejamos atrás. Así lo detalla el informe “Getting Ahead of the Curve” de Transparencia Internacional, que advierte sobre las posibles tendencias que se instalarán con la pandemia y su impacto, siendo el aumento de la corrupción una de ellas. 

Para empezar, vemos un retroceso de la hiperglobalización, ya que la mayoría de los gobiernos han actuado como silos para enfrentar la crisis, recurriendo a medidas extremas, las que incluyen fondos de emergencia, compras de insumos sanitarios y de alimento, aumento de la televigilancia y restricciones a la libertad, al mismo tiempo que se flexibilizan controles y protocolos, aumenta el comercio informal y se hace más difícil denunciar, preparando un escenario propicio para la corrupción.

Incluso, anticipándose a lo que vendría, Transparencia Internacional también dio a conocer en marzo pasado, el análisis "Integridad ante la emergencia: recomendaciones para la integridad de las compras y contrataciones públicas”, donde presentó un conjunto de propuestas para mitigar el riesgo de corrupción, contratos ocultos, sobreprecios, falta de competencia y colusión, entre otros, abogando por la transparencia, la apertura y la integridad en las compras y contrataciones públicas durante la emergencia. 

Ya han salido a la luz pública escándalos de corrupción en varios países de Latinoamérica como el sobreprecio en la compra de ventiladores en Bolivia; sobrecostos en la compra de ambulancias en Colombia y de bolsas de cadáveres en Ecuador; o la suspensión del gobernador de Río de Janeiro por desvío de fondos públicos en la construcción de hospitales de campaña. Eso, por dar algunos ejemplos. 

De hecho, desde el Departamento de Justicia americano (DOJ) enfatizaron que son tres los delitos que se acentuaron con la crisis: compras y contrataciones fraudulentas, fraude relacionado con los sistemas de salud y con curas milagrosas, y fraudes internos en las compañías.

Así, hemos visto cómo la pandemia ha facilitado la comisión de delitos al interior de organizaciones públicas y privadas, debido a la toma de decisiones rápidas y con menores controles. En este sentido, cobran relevancia los programas de compliance al interior de las organizaciones, para pesquisar hechos irregulares que muchas veces ocurren frente a sus narices. A la vez, es fundamental contar con canales de denuncia formales y proteger la figura del denunciante anónimo en pos de la transparencia. 

A principios de junio se dio a conocer el Índice de Capacidad para Combatir la Corrupción (CCC) de Americas Society/Council of the Americas (AS/COA) y Control Risks, que advierte que tras años de avances en investigaciones y condenas en escándalos como los de Odebrecht y OAS, el combate a la corrupción está perdiendo fuerza en América Latina. El informe mostró que en casi todos los países en los que se realizó esta medición en 2019, hubo una disminución de la capacidad en descubrir, castigar y prevenir la corrupción. Uruguay tiene el puntaje más alto en esta medición, lo que significa que se considera el país que más probabilidades tiene de descubrir, castigar y detener la corrupción de entre los 15 países de estudio. Lo sigue Chile y, más atrás, Costa Rica.

Después de la pandemia el mundo estará más propenso a la corrupción, por lo que si no nos ocupamos de este tema ahora, el panorama no será muy alentador para los próximos años. Ya se aprecian los cimientos de un terreno fértil para el fraude, donde todo vale para salvar el negocio. En esa realidad es posible que prolifere el soborno para obtener beneficios, los desvíos de recursos para responder a la emergencia, las salidas de protocolo para lograr rapidez y efectividad en los procesos, al mismo tiempo que habrá poco espacio para el control.

El llamado a estar atentos a hechos que sean o parezcan irregulares, a prevenir, denunciar y proteger a quienes denuncian. En medio de la pandemia se requieren fuertes compromisos tanto del mundo público como privado, especialmente la crisis de confianza que viven varios países de la región y que hacen más difícil el control de la corrupción.

Susana Sierra
Directora Ejecutiva
BH Compliance